septiembre 08, 2010

Batraciedá




Hay instantes en los que me veo a mi mismo carente de cualquier dignidad, de cualquier derecho a ser, resulto inútil, torpe, incapaz de llevar la menor responsabilidad. Me percibo parasito de la Tierra y quizá es debido a que se trata de la única realidad que se tiene en el mundo, lejos de las pretensiones y escalas creadas por monjes mediáticos y delimitadores de lo “real”. Me levanto como mi propio esclavo, no quiero levantarme, no me quiero bañar, no quiero masticar, no quiero tragar, no quiero hablar, no quiero consumir aire, no quiero cosa alguna. Manejo mis hilos y me llevo a las cosas que quizá permitan que el instante que sigue me agradezca mis imposiciones sobre mí. Algo me toma del alma, le jala la oreja, y me dice “ya ves pendejo” y al ver la posibilidad de que algo sea, siento como dice Martí, que crece en mi cuerpo el mundo. Ahí es cuando quisiera ser constante y sufro saber que el juego está truqueado, es un juego de contrastes donde generalmente no conoces el blanco o el negro saturados, tampoco el color al 100% . Tocas un matiz y ocasionalmente su contra. Letras atrás me leo como alguien que gusta de hacer, no lo sé, a veces si, generalmente no. O viceversa o ya no sé. Hay días en que la pura vida está en la mera cama. Voy a masturbarme, orita vengo.

2 comentarios:

Gessekai dijo...

Yo que tu paso las chairas a una vez en la noche, porque luego uno se mal acostumbra a querer a todas horas.
Esa ranita es la onda, no la veo toda toda, pero sus ojazos de melcocha lo dicen todo; a ver cómo salen tus hijos de plastilina =0

Cotex Pérex Oxcar dijo...

Yo ya no entiendo de razones. Pos batallé , no se dejaba escaniar con buena calidá y esa fue la escaniada 16 cuando mas o menos se dejó